En la tumba de María Zambrano crece una semilla: TXANKA KUA

Viernes 22 de abril de 2016. Fecha que conmemora el nacimiento de una de las pensadoras occidentales más influyentes del siglo XX: María Zambrano. Ese año, en la localidad de Vélez – Málaga, su pueblo natal, se recuerda el 25º aniversario de su muerte.

Una autora. Nieves Rodríguez Rodríguez. Una obra: La tumba de María Zambrano – pieza poética en un sueño. El sueño, una ofrenda: representarla en la propia tumba de María, en el cementerio de Vélez – Málaga, el día de su cumpleaños. Y un regalo del cielo. Ese día, habrá luna llena.

Nieves y Asier se conocieron pocos meses antes en Madrid, y fruto de ese encuentro, Asier volvió a Málaga con un texto inesperado bajo el brazo. Resulta sorprendente descubrir la maraña de conexiones que a veces, en la vida se produce, y ésta es una de ellas. Para narrarla, tal vez hemos de remontarnos al momento en que Asier, una vez decidido montar La araña del cerebro, descubre en su análisis que el título es una frase que María Zambrano, en su única pieza teatral La tumba de Antígona, pone en boca de la protagonista para referirse a la Harpía, ‘tejedora de razones’. Pensamos que este hallazgo prendió en Nieves la intuición para confiarle un proyecto que ya tenía en mente, y que sería la materialización de la ofrenda de aquel 22 de abril.

Ese febrero Nieves viajó a Málaga, y el día 5 acudieron juntos al palacio de Beniel de la ciudad veleña, sede de la Fundación María Zambrano, donde tuvo lugar la conmemoración del 25º aniversario de la muerte de María Zambrano. Justo antes, durante una ofrenda floral en el cementerio, conocieron a Daniel Martín, periodista que les realizaría una entrevista en los estudios de Onda Líder la víspera del evento, y que alberga una lejana consanguineidad con quien fuera el gran amor de la pensadora, el poeta onubense Miguel Pizarro Zambrano y por ende, con María misma. Después, durante el acto en el palacio de Beniel, intercalaron unas palabras con el entonces director de la Fundación, el recientemente fallecido Antonio Garrido, a quien Nieves obsequió con el texto de la obra. Tras el acto, ella y Asier asaltaron literalmente la concejalía de cultura, y allí expusieron el proyecto al cual nadie acertó decir que no.

La propuesta final, onírica, albergó una suerte de coincidencias que hicieron de aquel evento un ritual irrepetible. Comenzó en el momento exacto del crepúsculo, a las 20:58 horas, y terminó bajo la atenta mirada de la luna llena cuya noche alumbró una escena poco habitual, en el mismo lugar donde yace el cuerpo de María. En el pasillo que abrían las hileras de sillas enfrentadas a modo de espejo, el público frente al público viajó de la mano de seis intérpretes que dieron vida a las palabras, y éstas fueron acogidas en una atmósfera, en un paisaje sonoro que tres músicos evocaron, escondidos entre los mausoleos del cementerio. La tenue luz emanó de la danza acompasada de un vídeo creador, apostado entre el ocaso y los rayos de luna.

Las interpretaciones corrieron a cargo de Virginia Nölting, Aurora Herrero, Mercedes Quesada, Miguel Zurita, Arturo Vargas y la propia Nieves Rodríguez Rodríguez, quien dio voz a las acotaciones, cada cual un poema en sí mismo. El sonido y la música en directo brotó de la mano de Daniel Vega, Javier Gómez y Sergio Carmona, y las videocreaciones corrieron a cargo de Francisco Velasco. De la dirección se encargó Asier Etxaniz.

He aquí la semilla, el origen de TXANKA KUA, donde la muerte se alimenta de vida y el futuro lo hace del pasado, creando un presente tan incierto como capaz de plasmar los sueños de sus integrantes, y que ahora cuidamos para verla florecer.

 

Volver